jueves, 9 de agosto de 2007

Dersu Uzala






Escrito por Javier Castro en Miradas de Cine

El regreso del hombre

Vladimir Arseniev fue un militar y explorador ruso de primeros del siglo XX, además de ensayista y escritor. En sus viajes por la región del río Ussuri y las montañas de Sijote-Alin (en el extremo occidental de Siberia cerca de la costa del mar del Japón, al norte de Vladivostok), tubo la oportunidad de compartir sus expediciones con guías, cazadores y exploradores de la zona que le ayudaron en su trabajo y con los que entabló gran amistad. En su obra "Dersu Uzala" relata algunos de sus viajes en un estilo que varía desde la enumeración científica de datos, hechos e investigaciones que se le exige en su trabajo, hasta el relato de aventuras y romántico (en sentido decimonónico) más emotivo, resultando siempre ameno, didáctico, entretenido y a menudo apasionante. Una lectura muy recomendable, que a algunos recordará los momentos en que JRR Tolkien sacaba su vena de apasionado descriptor de la naturaleza, y que seguro el Sudafricano conocía y admiraba. El personaje principal en esta obra del Ruso, además de él mismo como narrador en primera persona de los hechos, tal como indica el título, es el Gold Dersu Uzala, un personaje que debió existir realmente pero que en la novela es un compendio de varios de aquellos que conoció el explorador en la realidad.

No pudo menos el genial Akira Kurosawa que fijarse en esta fascinante obra para realizar la que posiblemente sea su película más emotiva y apasionada. El humanismo que desprende la novela encaja cual engranaje relojero en la sensibilidad del japonés, tan cercanos sus personajes a aquellos que creara en films anteriores, desde la galería heterogénea, grotesca y sobrecogedora de Dodes'ka-de ( Dodesukaden , 1970) , pasando por el doctor Barbaroja hasta el perdedor irredimible de la genial los canallas duermen en paz ( Warui yatsu hodo yoku nemuru 1960). Aquí Kurosawa se interna en la naturaleza más pura e indomable, enfrentando al hombre con su fuerza y su endeblez, su individualismo y su dependencia, para llegar más que nunca a lo más puro de si mismo y a la vez a su trascendencia. La naturaleza humana inscrita entre Urano y Gea, casi siempre para escarnio de estos progenitores, a veces para sublimar su obra. Y es que la visión del papel del hombre para con el hombre y su mundo, ya lo vea Kurosawa o Arseniev o como nos lo pintan ambos para Dersu, exige la identificación con sus semejantes tanto como con su entorno, la mirada tan limpia, inocente, sincera y elocuente como el aire de la montaña, la presencia tan necesaria y sutil como una criatura inane.
Y si Kurosawa siempre imprime en sus personajes sinceridad, respeto y virtud, aquí sublima estos valores entorno a una amistad más poderosa que la muerte, una empatía tanto entre ellos como entre Dersu y la naturaleza -de la cual es indistinguible como pueda serlo un águila o una huella de jabalí-, y una comprensión tanto de la naturaleza como de sus semejantes (los de la naturaleza, los del hombre; todos parte de la misma realidad), que, rayando lo exaltado y desmesurado, fluye tan verídico que casi podemos oler sus olores, sentir sus sensaciones, interiorizar sus emociones.

De acuerdo. Es posible que un tercer o un cuarto visionado de la cinta nos hagan recapacitar acerca de lo verosímil, no tanto de los hechos o los personajes, puesto que es cine y sabemos por tanto que trampa, si no de la expresión de esta verosimilitud. Kurosawa, maestro de la narración, de la construcción de emociones, del manejo del espectador en su identificación con los personajes, de la mentira por lo tanto, sublima aquí en un juego en el que es imposible vencer el hecho de esa misma identificación del espectador, de la admiración, del enamoramiento. Nos ofrece una imagen que en un principio se nos antoja realista pero que se nos aparece como idealizada cuando penetramos en sus zonas no emocionales, tras algunos visionados. Y esto puede producir en algunos espectadores una sensación de desengaño, como tras cualquier enamoramiento, pero que como en tal basta con asumir la necesidad de la imperfección, tanto de aquello que amamos como la nuestra como víctimas -¿consentidas; impuestas? ¿ki lo sa?- de ese sentimiento. Se ama a esta película, si, pero más como a un hijo o a un padre que como a una pareja.

Obra maestra por tanto más del sentimiento que de la razón, Dersu Uzala es un película que por lo demás se aleja de los tópicos que hacen a un espectador emocionarse con una película. No es que en esta cinta haya maniqueísmo; este surge siempre de la contraposición de actitudes; aquí no existe ese conflicto, porque no existe lo que el espectador medio (con mucha manga ancha; estoy intentado referirme al 99 % de los espectadores) podría considerar maldad. Pocas películas hay, hablo de películas que al menos despierten algún interés, en las que el conflicto no se vea desatado por la influencia en sus personajes de uno -o varios más- de los 7 pecados capitales. No nos podemos identificar siquiera con los valores positivos del héroe, porque no existe el héroe sino como contraposición del malvado, salvo tal vez si rescatamos nuestra de las redes de la pantalla y la proyectamos al patio de butacas o a la calle. La abnegación vista no como una cualidad extraordinaria, sino como la más natural de las actitudes; sin esperar nada a cambio; quizá sólo y tal vez, la reciprocidad. Y no por esperar algo a cambio, sino porque si alguien lo necesita hay que hacerlo; porque así el mundo funciona mejor. ¡Despierta, Kurosawa, despierta! ¡Qué estamos ya en el siglo XXI y esas cosas no se estilan! Despierta porque vives en un mundo de ensueño; despierta para que puedas devolvernos a ese mundo.

Tras algunos fracasos artísticos (los batacazos de Barbaroja (Akahige , 1965) y Dodeskaden en las taquillas se oyeron tanto como el Krakatoa), incluyendo una ida y vuelta a Hollywood despido incluido, un intento de suicidio, y no encontrar financiación en su Japón natal, hubo de ir a la mismísima Rusia roja para rodar una película allí ambientada. El éxito merecidamente cosechado le permitió vivir de esas rentas el resto de su carrera y regalarnos algunas joyas más. Una reconciliación con el arte, la vida y su público; una catarsis personal y artística similar a la que sufre el espectador mediante el llanto tras la primera despedida de los amigos. Y nos regaló algunas de las emociones más puras y arrebatadas que hemos sentido ante una tela blanca.

1 comentario:

  1. Luis Miguel Machín Martín1 de octubre de 2007, 16:26

    Preciosa película de Kurosawa. Gran fotografía. Durante todo el metraje, el director emplea su ritmo pausado, tranquilo, idílico acorde con una de las protagonistas indiscutibles del film: La naturaleza. A pesar de los tópicos que rodean a Kurosawa, su cine no aburre, no está vacio, siempre tiene algo que contar, siempre tienen sus films deslumbrantes imágenes que pueden hacer creer que su cine es sólo eso, fotografía, aunque no es así, y lo demuestra a lo largo de su filmografía, desde "Rashomon" hasta "Los sueños de Akira Kurosawa". Grande entre los grandes, Kurosawa está en el olimpo de los directores de cine.

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