domingo, 30 de septiembre de 2007

Tideland





Ficha en IMDb
Web oficial (España): www.notrofilms.com/tideland
Web oficial: www.tidelandthemovie.com
Otras películas del director Terry Gilliam: "El secreto de los hermanos Grimm", "Miedo y asco en Las Vegas"

Publicado por Joaquín Vallet en Miradas de Cine:

Gilliam en el País de las Maravillas

Tideland posee todas las características inherentes a los contínuos “viajes” del personaje interpretado por Jeff Bridges en el film. Primero que nada, la película aparece como una necesaria vía de escape para Terry Gilliam después de la frustración obtenida con El secreto de los hermanos Grimm, obra lastrada por las contínuas intromisiones de Harvey Weinstein. Sin duda, Tideland surge de la necesidad de apartarse de los cánones comerciales y de las imposiciones de terceras personas, de constatar que todavía se puede realizar un cine diferente, anticonvencional y profundamente personal al margen de los Weinstein o personajes de similar calaña. En el fondo, la manera con la que Gilliam afronta el film es la equivalente a una salida voluntaria y, lamentablemente, pasajera de la realidad; análoga, como se ha dicho, a los modos y maneras de Bridges en la película. Asimismo, Tideland posee el mismo cariz autodestructivo. El cineasta parece reflexionar sobre su propia situación y afrontar una decisión conscientemente kamikaze al llevar a cabo un film complejísimo, de difícil comprensión e, incluso, asimilación y para el que no parecen existir medias tintas valorativas: o fascina desde sus primeros minutos o, directamente, se aborrece. Bien se podría decir que ésta ha sido la constante de Gilliam a lo largo de toda su carrera en solitario (no habría más que recordar la, igualmente, extrema y dura Miedo y asco en Las Vegas), sin embargo, en Tideland la radicalidad no se muestra como una opción necesaria en la coyuntura temática de la obra (como sí sucedía en el film citado), sino como una verdadera declaración de intenciones que desplaza a un segundo término, o directamente hace desaparecer, cualquier otra elección estilística.


La película da comienzo con una directa referencia a la obra de Lewis Carroll Alicia en el País de las Maravillas y, de hecho, ello se convertirá en la constante a lo largo del film. Jeliza-Rose (espléndida Jodelle Ferland, haciendo gala de una intuición interpretativa impropia de su corta edad) es convertida en una Alicia moderna que vive una situación inversa a la del personaje literario: si la creación de Carroll se adentraba en un mundo de fantasía en el que encontraba una representación grotesca de los vicios de la sociedad, Jeliza está envuelta de una realidad tan brutal que escapa constantemente a su comprensión, convirtiendo cualquier aspecto de la dureza que la circunda en algo cotidiano. Un mundo pesadillesco que ha sido el único que ha conocido, cercada por personajes, objetos y situaciones pavorosas en las que se ha integrado con facilidad e ingenuidad. La presencia constante de las jeringuillas, la adicción de su padre e, incluso, la muerte del mismo parecen chocar contra un muro de insignificancia en la psicología de la niña, la cual, cerrada en un mundo equidistante entre lo existente y lo imaginario, apenas concede mayor importancia a cualquier eventualidad que dependa única y exclusivamente de su comprensión. Ello queda expuesto en la distintas actitudes tomadas ante los dos fallecimientos: el de Gunhilda y el de su padre. El primero, observado desde la perspectiva de su progenitor, es asumido por la niña con todas sus consecuencias; el segundo, sin embargo, con ella como único testigo se convierte en un evento del que apenas es consciente.
La actitud de Gilliam ante ello es potenciar, mediante una cámara extremadamente móvil y unos angulares distorsionadores y obsesivos, la estricta visión de la niña. La técnica utilizada es, por tanto, la necesaria para poner en imágenes las particularidades de una psique infantil casi extraviada, envuelta en un ambiente enrarecido en el que las drogas, la muerte, los abusos sexuales y, finalmente, la destrucción se convierten en extrañas maneras de disfrutar de la infancia. La relación con sus muñecas (sus únicas amistades de las que sólo utiliza las cabezas) parece subrayar, de forma harto sibilina, el complejo contenido psicológico, ya que las voces impostadas, la colocación de las cabezas en el dedo índice y las discusiones constantes parecen remitir con fuerza al Danny Lloyd de El Resplandor, la pieza maestrade Stanley Kubrick, en la que el personaje infantil se encuentra igualmente envuelto en un universo fantasmal exposición directa, en este caso, de la psicopatología de su padre interpretado por Jack Nicholson. Pero, más allá de las referencias, Gilliam, mediante un subrayado constante y una planificación brutal apenas deja constancia de una vía alternativa ante esta situación, ya sea porque su interés se centra en la exposición formal de dicha coyuntura o porque Jeliza-Rose, en el fondo, no precisa de ningún tipo de solución más allá de las que encuentra en su camino (su relación con el deficiente mental Dickens). De hecho, la presunta puerta abierta a un nuevo tipo de vida que muestra la secuencia final del film, se ve teñida de una turbadora ambigüedad debido a la profunda e inextricable mirada de la niña.

El porqué Tideland resulta una película tan difícil de contemplar es debido a la violenta identificación que el espectador se ve obligado a entablar con Jeliza, entrando en un universo en el que la incomodidad que nosotros sentimos no es en absoluto correspondida con su actitud. Y es aquí donde Gilliam acentúa su estilo y exacerba el aparato formal logrando integrarnos, muy a nuestro pesar, en un clima alucinatorio nada complaciente. Tideland es, por tanto, un turbador cuento para adultos que significa el regreso de Terry Gilliam a unos modos cinematográficos que el poder del capital había impedido aplicar, en toda su integridad, en El secreto de los hermanos Grimm. Asimismo, una obra maestra (la más redonda emprendida por el cineasta desde 12 monos) a la que se debería conceder más de una oportunidad, ya que el film crece considerablemente a cada visionado.

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